De Todo un poco...
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Mensaje por Machucarules Dom 18 Sep - 18:32

Sebastián Sena no era una persona supersticiosa. Jamás se había preocupado por quebrar un espejo, caminar debajo de una escalera, cruzarse con un gato negro o cualquier otra de esas cosas tontas que muchas personas intentan evitar. Pero, a pesar de vivir despreocupado sobre si ese día las estrellas se habían alineado para darle toda la buena vibra del cosmos o sólo una patada en los genitales, Sebastián tenía la sensibilidad para saber cuándo un día iba a ser malo para él. Nunca había pensado en ello, pero en el fondo aceptaba todas aquellas señales que el mundo le daba. Como que hubiese visto un perro muerto por primera vez el mismo día en que sus padres sufrieron el accidente que acabó con sus vidas; o que robaran los valiosos objetos que guardaba en su casa del árbol el día en que su tía le dijo que tenía que irse a vivir a otro continente; o más recientemente, el haber conocido a su peor enemigo momentos antes de que sus mejores amigos se hicieran novios. Y esa madrugada, al ser despertado por Jorge, ser sacado a toda velocidad de su casa debido a una fuga de gas que de no haber sido captada a tiempo habría intoxicado a todos, y después de haber vomitado en su pijama favorito, Sebastián Sena supo que ese no iba a ser el mejor día de su vida.

Track #15: De qué sirve
Mario no había podido dormir en mucho tiempo. Cada noche era la misma tortura, la cual solo consistía en pensar y recordar. No podía evitar escuchar una y otra vez las palabras de su padre cuando le dijo: “Uno duerme a gusto cuando tiene la conciencia limpia”. Y de acuerdo a ese razonamiento, la mente de Mario era un departamento de hombres solteros. Siempre pensaba en lo mismo: en Saúl. En lo que le había hecho, en su rostro enrojecido de ira y las lágrimas cubriéndole las mejillas, en sus palabras tan crueles, en su mirada de desprecio… era imposible dormir con algo así sacudiéndole la mente.
Mario se cubrió los ojos con sus manos y dejó correr algunas lágrimas. Si tan solo hubiera revelado sus sentimientos a Saúl antes de que él supiera la verdad… todo sería diferente. Probablemente se habría enojado mucho, pero Mario sabía que él habría apreciado su sinceridad. Pero ya era tarde, no podía hacer nada ahora que había destruido su confianza. Y era exactamente eso lo que le causaba dolor. Había sido tan tonto como aquél que tiene todo el dinero del mundo y lo derrocha en cosas que no necesita… y que tampoco puede vender.
Su cuarto parecía tan solo como se sentía él, sin embargo ninguno de los dos lo estaba. Luisana lo tomó del hombro y luego recargó su cabeza en él.
Luisana: Onii-san ya no debe llorar. Sé que es difícil y que duele mucho, pero también estoy segura que las cosas no se resuelven con lágrimas y recuerdos, sino con acciones.
Mario se limpió las lágrimas y habló sin mirarla.
Mario: ¿Qué puedo hacer?
Luisana puso frente a los ojos de su hermano un pequeño bloc de post-it de diferentes colores y un marcador.
Luisana: Onii-san puede actuar…

Por la mañana, cuando Saúl Salziso se dirigía a su Facultad, notó que algo rompía con la monótona rutina que era caminar desde donde bajaba del camión a la entrada de Artes Escénicas. Una chica que caminaba un poco más delante de él había desviado la mirada hacia uno de los tantos árboles que adornaban la entrada del campus hasta el sendero que conducía a los alumnos a las distintas Facultades de éste. Saúl miró aquel árbol también ya que se había percatado de un pequeño cuadrito que se encontraba en el tronco de él. Al acercarse se dio cuenta de que era un post-it con la leyenda “Lee mientras caminas”. Y al llegar al segundo árbol vio el segundo mensaje: “¿De qué sirve lo que me rodea?”, al pasar por el tercero se encontró con otro post-it: “Aunque tenga todo siento un vacío sin ti” y entonces se asomó a los árboles siguientes y todos tenían un post-it esperando ser leídos.
Y más allá, en el estacionamiento de Artes Escénicas, el árbol que contenía el último post-it fue asediado por Javier Levi, quien se recargó en él y cubrió el mensaje con su ancha espalda. Levantó un periódico y lo colocó de tal forma que parecía leerlo cuando en realidad miraba hacia el estacionamiento y esperaba a que Sebastián Sena apareciera. Javier no podía esperar para verlo y tener por fin ese encuentro que había imaginado desde hace tanto. Hubo momentos en que pensó que jamás sucedería y ahora que estaba a solo unos minutos de ocurrir, no podía creerlo.
Saúl había leído todos los post-it que se había encontrado en su camino y estaba casi seguro de que la persona que los había escrito era Mario, ya que la letra era muy similar. Al haber terminado la letra de la canción, los mensajes cambiaron. El siguiente decía: “Sé que no puedo devolver el tiempo”, y entonces caminó un poco más aprisa y tuvo una extraña sensación de ansiedad. El siguiente post-it señalaba: “También sé que te lastimé como nadie lo había hecho”. El paso de Saúl se aceleró mucho más, las piernas comenzaron a temblarle, y los latidos de su corazón se volvieron cada vez más fuertes cuando leyó el siguiente: “Pero también necesito que sepas…” y casi corrió para llegar al último árbol, el cual era ocupado por el hombre con quien se había tropezado el día anterior. Entonces una ola de decepción cayó sobre él y su condición física volvió a la normalidad. Y pensando que aquel tipo había planeado todo eso, se acercó a él con una sonrisa.
Saúl: ¡Mucha suerte!^^
Javier lo miró y le devolvió la sonrisa, un tanto desconcertado.
Javier: ¡Muchas gracias, joven! ¡Que tenga un buen día!^^
Ambos levantaron sus manos en señal de saludo y despedida, y justo cuando lo hizo, Saúl sintió un calambre en la mano que acababa de alzar y siguió caminando mientras se la sobaba.
Javier se quedó ahí, esperó veinte minutos a Sebastián y al ver que no llegaba, decidió que su reencuentro sería en clase.

Pero él no era el único ansioso por el retardo de Sebastián. Samuel comenzaba a sentirse solo en su banco doble sin él, y además estaba preocupado. Ya le había marcado diez veces, porque Sebastián solía llegar tarde pero no faltar. Samuel no podía prestar atención en clase al imaginar todos los escenarios posibles de lo que le pudo haber ocurrido. Entonces la primera hora terminó y todo el grupo se dirigió a la sala de cómputo para tomar Tecnología e Informática. Sebastián seguía sin llegar y Samuel ya le había marcado doce veces más. Guardó su celular al ver llegar al maestro y siguió imaginando cosas.
Javier miró a su grupo rápidamente una y otra vez, pero no le pareció que Sebastián estuviera ahí. Pensó que se trataba de toda la ansiedad y desesperación contenida lo que no lo dejaba buscarlo bien. Trató de calmarse y se aclaró la voz mientras preparaba una sonrisa.
Javier: Buen día, jóvenes. Me llamo Javier Levi y voy a ser su profe este semestre, espero caerles bien y que aprendan mucho^^
Todas las mujeres del salón, incluida Luisana, lo miraban hipnotizadas, olvidando que tenían sus facebooks abiertos cuando no debían.
Javier: Primero voy a tomar lista…
Y así comenzó. Sus alumnas le dedicaban una sonrisa y se hacían notar cuando mencionaba sus respectivos nombres y todo eso no hacía más que desesperarlo más. Ya ansiaba por llegar a él y pronunciar ese nombre de nuevo, verlo ahí, a ese niño convertido en un hombre…
Javier: Saúl Salziso…
Saúl: ¡Presente!
Ambos se miraron con sorpresa, pero esta pronto desapareció del rostro de Javier, porque ya había llegado al nombre que esperaba.
Javier: …Sebastián Sena…
Pero nadie respondió.
Javier: ¡Se-Sebastián Sena!
Todos se miraron unos a otros, buscando a su compañero.
Javier: ¿Sebastián? ¿No está en este grupo?
Uno de los muchachos, el cual tenía aspecto de jugador de futbol americano y quien se veía muy preocupado, levantó la mano.
Samuel: No ha llegado…
Javier: Pero sí está en este grupo, ¿verdad?
Samuel: Sí, pero no sé qué…
Javier: Bueno, continuaré…
Javier sintió unas profundas ganas de gritar. Ahora tendría que esperar hasta la próxima clase…
Pero logró tranquilizarse mientras terminaba de pasar lista. Dio su clase con entusiasmo y alegría, ganándose casi por completo la confianza de los alumnos y llamando su atención, sobretodo la de las chicas. Encargó la primera tarea y los dejó salir temprano. Y mientras salían, una chica notó, al estar observando su magnífica espalda, que tenía algo pegado en su camisa. Javier se lo quitó, era un post-it que rezaba: “Que te amo como nadie podrá hacerlo, Saúl. Atte. Mario”. Javier se encogió de hombros y lo tiró a la basura.

Samuel decidió esperar a Sebastián en el estacionamiento de la Facultad desde que Javier los dejó salir. La limusina anaranjada se estacionó ahí unos minutos después, y cuando Sebastián bajó de ella, a Samuel le pareció que ese día se veía especialmente guapo y todas las preocupaciones se fueron, pero aun así no pudo controlarse.
Sebastián: ¡Hola, amor! ¿Me estabas esperando? o.o
Samuel: Sí, ¿dónde estabas? ¿Por qué llegaste hasta ahorita?
Sebastián: Ash, es que los estúpidos tipos…
Samuel: ¡¿Cuáles tipos?! ¡¿Por qué no me contestas el celular?!
Sebastián: ¡Ok, stop!
Hacía mucho tiempo que Samuel no escuchaba esas palabras. Sebastián parecía molesto y su gesto altivo daba señales de indignación.
Sebastián: Nadie, nunca, me ha hablado así… y tú no vas a ser el primero. ¿Entendiste?
Samuel no pudo evitar que las palabras de Sebastián lo hirieran y lo único que hizo fue asentir y bajar la mirada.
Sebastián: Si me hubieras dejado terminar, ya te hubiera dicho que no traigo mi cel porque se me olvidó en mi casa, a la que no puedo entrar porque hubo una fuga de gas y los estúpidos tipos esos no nos dejan entrar hasta que la arreglen. ¿Y sabes? El no tener ropa que ponerme, porque toda se quedó ahí y me vomité en mi pijama favorita, era una buena razón para no venir a la escuela, pero no quise… así que fuimos a buscar ropa a las 6 de la mañana, ¡pero todos son tan flojos! ¡No había una tienda de ropa decente abierta a esa hora! Por eso no llegué a clase hasta ahorita… ¿y sabes por qué vine? ¿Sabes?
Pero antes de que Samuel pudiera pensar en una respuesta, Sebastián siguió hablando.
Sebastián: Porque quería ver a mi novio y contarle todo eso… ¿y qué encontré? A un maniático haciendo preguntas paranoicas.
Samuel no lo dejó decir más y lo abrazó tan fuerte como pudo, Sebastián también lo hizo y se tranquilizó.
Samuel: Perdón… estaba muy preocupado y asustado. Perdón, perdón.
Sebastián: No, no te disculpes. Creo que entiendo cómo te sentiste… yo tampoco debí hablarte así.
Saúl: Dios, voy a vomitar de tanta cursilería >.>
Ambos se soltaron y miraron a Saúl, quien hacía gestos. Samuel se sonrojó y Sebastián tiró una carcajada.
Sebastián: No le hagas caso. Es más que obvio que está celoso porque está enamorado de mí…
Saúl: ¡¿QUÉ?! ¡Estás demente! ¡Primero me enamoraría de una cucaracha antes que de ti!
Sebastián: Míralo… pobre Individuo enamorado u.u’
Saúl: ¡Ya cállate o te voy a partir el hocico!
Sebastián: ¡Ven a intentarlo, perra asquerosa!
Samuel: ¡Sebastián! D:
Saúl: ¡¿A quién le dices perra, pedazo de mierda?!
Sebastián: ¡Pues a ti! ¿Ves a otra por aquí?
Saúl: ¡Pues ándale, ven! ¿Mucho miedo?
Samuel: ¡Cálmense, estamos en la escuela!
Omar: ¡Por Dios! ¿Algún día los voy a ver comportarse como los casi adultos que se supone que son?
Saúl y Sebastián: ¡Omar! *o*
Los dos se acercaron al mismo tiempo para saludarlo.
Saúl: ¿Tú qué? ¡Vino a verme a mí!
Sebastián: ¡A que no!
Omar: Vine a verlos a los dos. ¿Ok? Ya cállense…
Omar saludó a Sebastián primero, ya que se encontraba más cerca, pero cuando fue el turno de Saúl, ambos quitaron sus manos al instante luego de un pequeño y extraño sonido.
Omar: Jajaja, me diste toques.
Saúl: Ya sé, perdón xD
Ambos sintieron la mirada fija de Sebastián en sus manos y lo miraron también.
Omar: ¿Qué te pasa? o.o
Sebastián: Es otra señal D:
Samuel: ¿Cómo que señal?
Sebastián: Individuo, ¿a quién saludaste antes con esa mano?
Saúl: o.o?
Mario: ¡Saúl!
Los cuatro voltearon a ver a Mario, quien se encontraba a unos pasos de ellos. Saúl puso los ojos en blanco, miró a Omar y le dijo que le faltaba una clase para salir. Omar respondió que lo esperaría, y cuando Saúl iba a caminar hacia Mario, Sebastián lo detuvo, le tomó la mano y le puso gel antibacterial.
Saúl: ¿Qué te pasa? D:
Sebastián: ¡No debes andar por ahí con esa cosa en la mano! Ya, go away.
Saúl: Estás enfermo…
Y mientras Saúl se reunía con Omar, los demás se separaron, dejándolos solos en el estacionamiento.
Mario: ¿Ahora sí me quieres escuchar?
Saúl: Ehm… no.
Mario: ¿Qué? ¿Por qué? ¿No viste los mensajes que…?
Saúl: Mira, ya, olvídalo. No me interesas, tú vete por tu lado y yo por el mío. ¿Ok?
Mario: Pero Saúl, es que no me estás dando la oportunidad de decirte que…
Saúl: ¿Decirme qué? ¿Qué crees que puedes decir que mágicamente arreglará todo?
Mario: Pues que te am…
Javier: Hola, jóvenes. ¿Comieron rico?^^
Javier tocó el hombro de Mario y éste le sonrió. Luego volteó hacia Saúl pero ya se había ido.
Mario: ¿Saúl? o.o

Sebastián había vuelto a la limusina por unos libros que olvidó y mientras pensaba que había sido buena idea dejar siempre la mochila en el carro, y caminaba de regreso a la Facultad, creyó tener una terrible alucinación. A unos pasos de él se encontraba una persona que había dejado muy atrás en sus recuerdos, alguien que no esperaba volver a ver nunca más. Una representación del pasado que creyó enterrada para siempre… pero ahora estaba ahí parado, sonriéndole como siempre lo hacía y mirando tiernamente su cara de estupefacción. Los libros se le resbalaron de la mano y cayeron al pavimento haciendo diversos sonidos a la vez. Javier Levi se acercó a Sebastián Sena y lo abrazó. Todos los vellos del cuerpo de Sebastián se erizaron y los músculos se le paralizaron mientras recibía aquella muestra de afecto, la cual no correspondió. Javier le susurró al oído.
Javier: Es aquí donde se pone buena la historia. ¿No crees?
Entonces lo soltó y siguió caminando, era suficiente por ese día ya que ahora tenía la imagen de él que quería. Saúl salió de la parte trasera de un auto y se acercó a Sebastián, quien también había seguido caminando.
Saúl: ¡¿Lo conoces?! Qué suerte tienes… es el tipo más guapo que he visto en mi vida. ¿Vas a dejar tus libros tirados?
Sebastián: No, no, Individuo. No deberías saludarlo, ni hablarle… ni verlo.
Saúl: ¿Por qué? o.o
Sebastián: Porque… es de mala suerte.
Saúl: ¿Lo dices en serio? xD Pues va a estar difícil ignorar al maestro de TEI…
Sebastián: ¡¿él es el maestro?! No…
Samuel se acercó a ellos mientras Sebastián se quitaba su chaquetín blanco y lo tiraba a un bote de basura.
Saúl: ¡¿Qué haces?! ¡¿No dijiste que tu ropa es nueva?!
Sebastián: Sí, pero eso ya no sirve…
Samuel: ¿Qué pasó?
Saúl: Que tu novio es un consumista loco. Mejor me lo hubieras regalado T_T
Sebastián: ¡Ni se te ocurra agarrar ése! Si quieres uno mañana te lo traigo… como si nomás hubiera comprado uno, por favor ¬¬
Saúl: Te odio tanto .__.
Samuel levantó los libros de Sebastián, luego lo agarró de la mano y se dio cuenta de que estaba temblando.
Samuel: ¿Qué tienes? o.o
Sebastián: Nada, vamos a clase…
Sebastián trató de calmarse durante la última clase pero no pudo más que fingir que estaba bien. Desde el momento en que vio a Javier había vuelto a sentir miedo, pero no el típico miedo que se tiene a lo desconocido, sino del que se tiene al enfrentarse con algo que ya se conoce…

Saúl y Omar se habían ido juntos a casa y platicaron durante todo el camino. Saúl había intentado evadir el tema de Mario hasta que ya no pudo hacerlo más. Ambos habían bajado del camión y caminaban por un parque cercano a las casas de ambos.
Omar: Ya, cuéntame. ¿Cómo vas con lo de Mario?
Saúl: …Pues igual. No me siento bien y… creo que esto no se me va a pasar nunca.
Omar: Ya verás que sí, ahorita te sientes así pero todo se termina en algún momento. Pero sabes que emborracharte y conocer a extraños no es la solución.
Saúl: Sí, ya sé pero… siento que lo odio tanto… lo miro y me dan tantas ganas de hacerle sentir lo que yo siento… ¡detesto que me haga sentir estas cosas!
Omar: Saúl, tienes que dejarlo ir… la única manera de que te liberes de esto es que encuentres la forma de olvidarte de todo lo que pasó y continúes… y sólo hay una forma de que lo hagas.
Saúl sonrió y lo miró.
Saúl: ¡Tienes razón! Ya sé lo que tengo que hacer…voy a vengarme de Mario.
Omar: ¡Exact…! ¿Eh? ¡No! ¡Eso no es lo que…!
Saúl: ¡Gracias por el consejo!
Saúl se fue corriendo a su casa mientras pensaba en un plan. Omar se quedó boquiabierto, se rascó la cabeza y puso los ojos en blanco. Luego siguió el camino a su casa y mientras lo hacía se preguntó qué ocurriría ahora.
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