De Todo un poco...
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Mensaje por Machucarules Sáb 1 Mayo - 23:51

Omar Zapata había entrado a clases de natación durante el verano, ahí conoció a un joven que atraía la atención de todos por sus continuos escándalos, quejas y berrinches hacia el instructor, quien de no haber sido por el gran amor que le tenía a su trabajo (y las increíbles ganancias que éste le dejaba) hubiera corrido al muchacho desde la primera semana de inducción. A diferencia del instructor, Omar se divertía muchísimo tratando con Sebastián Sena, tanto, que se volvieron buenos amigos en poco tiempo, y cuando Sebastián mencionó que entraría a la Facultad de Artes Escénicas, a Omar se le ocurrió la maravillosa idea de que su mejor amigo y ese chico tan simpático se conocieran… y ahora ahí estaban ellos, Saúl Salziso y Sebastián Sena lo miraban con rabia y se apuntaban el uno al otro. Omar sentía que había cometido el peor error de su vida.

Track #03: “Sk8ter boi”
Saúl: ¿De dónde se conocen?
Omar: De natación, acuérdate que te dije que me hice amigo de un chavo…
Saúl: Ah sí, ¡Pero dijiste que era simpático!
Sebastián: ¡Óyeme! Yo soy muy simpático, Individuo.
Saúl: Sí, sobretodo cuando le pones apodos a la gente¬¬
Sebastián: Siquiera no los expongo frente a todo el salón.
Saúl: ¡Tú empezaste!
Sebastián: ¡Come tierra!
Saúl: ¡Vete a la…!
Omar: ¡YA!
Saúl y Sebastián dieron un pequeño salto y miraron a Omar, quien respiraba muy agitado.
Omar: Dios¬¬ toda la gente está mirándolos… ¡Ya dejen de apuntarse!
Ambos bajaron sus manos y se sintieron algo apenados al darse cuenta que todos los miraban cuales bichos raros.
Omar: Creo que ustedes no se llevan como imaginé, pero me gustaría que trataran de no pelear cuando… ¡Seba, te estoy hablando!
Sebastián: Perdón^^’ es que vi una mariposa y me acordé que…
Saúl: Ay, ay, “Seba” ¬¬
Omar y Sebastián: o.o?
Sebastián: Bueno, acompáñame a buscar el teatro.
Sebastián tomó el brazo de Omar y dieron unos pasos.
Omar: Espera, ya que vamos al mismo lugar…
Saúl tomó el otro brazo de Omar y lo jaló hacia él con una fuerza que Omar nunca lo había visto usar.
Saúl: Yo se lo pedí primero.
Sebastián: … ¿So?
Saúl: ¡Que a mí me conoció mucho antes que a ti! >.<
Sebastián: ¿Y eso qué tiene que ver?... ay, whatever, voy solo…
Sebastián se adelantó.
Omar: Ya, ya^^ vamos al mismo lugar, podemos ir todos juntos…
Omar dio unos pasos pero se detuvo al darse cuenta que Saúl no lo seguía.
Omar: ¡Ándale! o.o
Saúl: ¿Por qué no vas tú solo con “Seba”?¬¬
Omar sonrió para sus adentros.
Omar: ¿Qué tienes?
Saúl: Nada…
Omar: Dime¬¬
Saúl: A mí nunca me dijiste algo como eso…
Omar: ¿Algo como qué? ¿Cómo “Seba”? Pero si tu nombre ya es muy corto, ¿cómo iba a decirte? ¿“Sa”? xD
Saúl: Ah, ¡Entonces yo tengo la culpa!
Saúl comenzó a caminar sin detenerse y rebasó a Omar.
Omar: ¡Espérate! ¡Saúl! jajajaja, ¡Oye! ¡Saúl! ¡Te estoy hablando! jajaja xD
El teatro antiguo se encontraba a unos metros hacia la derecha de la facultad, junto a una pequeña cafetería. Era un edificio de cemento color azul, su fachada consistía en un frontispicio de cinco pequeños escalones, dos grandes puertas de madera para la entrada y sobre ellas, grabadas con el cemento y del mismo color del edificio, unas palabras decían:

“Facultad de Artes Escénicas.
Taller de Teatro”

Cuando Sebastián llegó, se encontró con una multitud de unas ciento cincuenta personas que gritaban y se empujaban por acomodarse más adelante. Una mujer madura, gorda, pequeña, de cabello corto y teñido de café para ocultar las canas, estaba frente a ellos levantando las manos. La mujer los miraba a todos a través de sus enormes anteojos, parecía estar molesta.
Mujer: ¡Silencio! ¡Cállense!
Después de otros gritos, todos se callaron.
Mujer: Ya viene el maestro para acá, es increíble que se haya tenido que salir de su clase por culpa de ustedes¬¬
Saúl y Omar llegaron, se pararon detrás de Sebastián y luego vieron a Luisana acercárseles pasando entre la multitud.
Luisana: ¡Sabía que Sebastián-kun y Saúl-kun también vendrían!
Saúl: Hola, Luisana. ¿Qué pasa, eh?
Luisana: Pues que todos quieren entrar al teatro pero la sensei no tiene la llave.
Sebastián: Mira, Luisana. Él es Omar. Omar, ella es Luisana.
Omar y Luisana se dieron la mano.
Los dos: Mucho gusto.
Saúl: ¡Oye! ¡Yo iba a hacer eso!
Sebastián: Claro que no, ¡tú no tienes modales!
Saúl: Ja-ja-ja, ¿y tú sí, no?
Sebastián: Of course.
Saúl: ¬¬’
Omar: ¿Tú también eres “Licenciada en actuación”?
Saúl: No es actuación, sino “Arte Teatral”
Omar: Eso…
Luisana: No, yo soy de “Danza Contemporánea” pero también me gusta actuar y por eso me anoté para las audiciones.
Omar: Una bailarina, y… ¿qué tal bailas?
El tono de Omar había cambiado, Saúl lo miró sonriendo y sacudió la cabeza mientras Luisana trataba de entender la pregunta.
Luisana: ¿Qué tal bailo?... ¿Es un albur o algo así?
Omar: No, no. Es enserio, perdón si te ofendí.
Luisana: No, no hay problema.
Omar y Luisana se miraron nerviosos y luego sonrieron.
Sebastián: ¡Individuo! ¡Individuo!
Saúl: ¿Qué?... digo, ¡no me llamo así! >.<
Sebastián: ¿Ese no es el chico de la patineta de hace rato?
Saúl miró hacia donde señaló Sebastián y vio a Mario acercarse a la multitud con su patineta en la mano, iba disfrazado con un traje inglés del siglo XIX y un sombrero de copa negro. Al darse cuenta de que lo miraban, Mario sonrió con satisfacción y se acercó a ellos.
Mario: Entonces… ¿hay mariposas en Dorian Gray?
Saúl: Pues estás tú aquí, ¿no?
Mario arqueó las cejas.
Sebastián: Osea… ¿cómo? O.o
Omar: Se está burlando, Seba.
Mario: Pero miren a todos los que vinieron a perder el tiempo… yo seré el primero así que esto acabará rápido. ¿Por qué no se van de una vez? se los agradeceré cuando me den el protagónico.
Luisana: ¿Podría Onii-san dejar de ser tan presumido?
Mario: ¿Y tú podrías dejar de hablar así? ¡Ya estás grande, Luisa!
Luisana: ¡Luisana! >.<
Saúl: ¿Onii-san? ¿Este tipo es tu hermano?
Luisana: Sí… por desgracia.
Mario: Exagerada…
Sebastián: ¡Ya llegó el profe!
Todos miraron hacia delante, el Profesor Fernando estaba junto a la señora gorda tratando de clamar a la multitud.
Profe: ¡Cállense, por favor!
Todos volvieron a callarse y miraron atentamente al profesor.
Profe: Ya vamos a comenzar con las audiciones…
Mujer: ¡pero aun no es hora! y usted tiene clase.
Profe: Ya mandé reemplazo, así que ya no importa. Van a entrar sólo los que se anotaron en la lista, podrán entrar con un compañero… ¡pero sólo uno! No más.
Se escucharon quejidos y abucheos.
Mujer: ¡Pues si les gusta, si no váyanse! Este teatro no tiene capacidad para tanta gente y no vamos a dejar que estudiantuchos sin talento pisen el escenario del “Teatro Hamlet”, así que si tienen alguna queja, ¡váyanse, que nadie los detiene!
Profe: Tranquila, Maestra Cárdenas. Sé que ellos entienden^^’
Cárdenas: ¡No, no entienden!... pero bueno, los de la lista hagan una fila frente a mí, los colados hagan otra a la izquierda y los que sobren, ¡retírense de mi presencia!
Una tercera parte de los alumnos se fueron, los demás se formaron como lo había ordenado la profesora.
Cárdenas: Ahora que pasen primero los de la lista… ¡en orden! y si se me chiflan, los saco, bola de escuincles mimados. Piensan que somos como sus papás que los consienten en todo y les dan las cosas en la mano, ¡sólo los hacen unos inútiles! descarados…
La maestra siguió regañándolos mientras entraban al teatro, el cual parecía una pequeña sala de cine, le faltaban butacas y algunas estaban apiladas en la pared derecha; y tal como lo había dicho la profesora, no tenía espacio para más de 50 personas. Los alumnos se quedaron pegados a la pared izquierda y la maestra les dio a todos un libreto y les dijo que leyeran algún diálogo.
Sebastián: A mí me dio miedo esa profe…
Saúl: A mí también, qué bueno que no me da ninguna clase.
Luisana: Pues yo había escuchado que esa sensei le da “Textos Dramáticos” a todos los de primero…
Saúl: Demonios, esa clase no me la dan hasta mañana.
Los dos profesores se sentaron en medio de la primera fila. El maestro Fernando sacó una lista y la maestra Cárdenas sostenía una libreta y un bolígrafo. Los otros alumnos ya habían tomado asiento, el teatro estaba lleno.
Profe: Comencemos. Mario Silva, pase al escenario.
El joven con el disfraz subió, a Saúl le parecía un tanto más atractivo con ese atuendo, pero luego de recordar su comportamiento, puso atención a su libreto y buscó un diálogo en especial.
Cárdenas: Dios mío…
La maestra se dio una palmada en la frente al ver a Mario y luego comenzó a escribir en su libreta.
Profe: Puede empezar.
Mario fijó su vista en el guión, Cárdenas movió negativamente su cabeza y el profesor miraba con mucha atención.
Mario: Siento celos de todo aquello cuya belleza no muere. ¡Tengo celos de mi retrato!... ¿Por qué ha de conservar él lo que yo perderé? Cada instante que pasa me arrebata a mí algo y le embellece a él. ¡Oh, si pudiese ser al revés! ¡Si ese retrato pudiese envejecer! ¡Si pudiese yo permanecer tal como soy!...
La profesora bostezó y miró al maestro Fernando.
Cárdenas: ¿No cree que fue suficiente?
Profe: Déjelo terminar…
Cárdenas: ¿Para que siga haciendo el ridículo? No sé a usted, pero a mí me incomoda muchísimo la vergüenza ajena.
Mario: ¿Perdón? ¿Qué dijo?
Mario estaba furioso y apretaba el guión fuertemente mientras miraba a la profesora gorda que parecía muy relajada en su asiento.
Profe: Lo siento, Mario. A la próxima será…
Mario se quedó boquiabierto un segundo, dejó caer el libreto y bajó del escenario muy avergonzado.
Luisana: Onii-san u.u’
Sebastián: Pobrecito :/
Saúl: No me pareció que lo hiciera tan mal, sólo que leyó todas las líneas… son demasiado estrictos.
Luisana: Es una escuela donde la mitad de los alumnos quieren ser actores, no se puede esperar menos…
Profe: ¡Sebastián Sena!
Sebastián: ¡Ya voy!^^
Sebastián subió al escenario y miró a los profesores con una sonrisa.
Profe: Comience.
La sonrisa de Sebastián desapareció y éste miró al suelo como si alguien estuviera arrodillado frente a él, puso una cara de asco y lanzando una mirada casi imperceptible al guión que sostenía en su mano derecha, comenzó a hablar.
Sebastián: ¡Sí, has matado mi amor! ¡Hacías vibrar mi imaginación! ¡Ahora no puedes ni siquiera excitar mi curiosidad! ¡Ya no me haces ningún efecto! ¡Te amaba porque eras admirable, porque eras inteligente y genial, porque realizabas los sueños de los grandes poetas y porque dabas forma y cuerpo a las sombras del arte!...
Saúl: ¡Rayos!
Luisana: ¿Qué?
Saúl: Sebastián me ganó mi diálogo…
Luisana: No creo que haya ningún problema en que…
Saúl: ¡No quiero decir el mismo que él!
Saúl volvió a hojear el libreto.
Sebastián: … ¡Y tú lo has echado todo a rodar! ¡Eres inepta y de cortos alcances!... ¡Dios mío! ¡Qué loco fui al amarte! ¡Qué insensato! ¡Ya no significas nada para mí! ¡No quiero volverte a ver!...
Profe: Basta.
Sebastián se detuvo y miró aterrado al profesor.
Profe: ¿Qué le pareció, Maestra?
Cárdenas: Pues… superó mis expectativas.
Sebastián: ¿Eso quiere decir que lo hice bien?
Cárdenas: No, eso quiere decir que no lo hiciste tan mal.
Sebastián: Ah… ¿y cuál es la diferencia? o.o
Profe: Pues creo que lo encontramos, Maestra.
Saúl levantó la vista y los demás comenzaron a murmurar. Los ojos de Sebastián brillaron y miraron al profesor fijamente.
Cárdenas: Bueno…
Profe: Sebastián, felicidades. Será Lord Henry Wotton.
Sebastián: ¡Sí!... espera, ¿qué?, ¿Quién?
Profe: Lord Henry…
Sebastián: ¿El pervertido lava-cerebros? ¡Pero él no es Dorian Gray!
Profe: Pues no porque él es Lord Henry >.>
Sebastián: Pero, pero…
Profe: Su imagen ayuda en el papel y creo que lo interpretará excelente, pero usted decide… lo toma o lo deja.
Sebastián lo dudó un momento.
Sebastián: Ya que… lo tomo¬¬
Profe: Bien, nos vemos mañana para el primer ensayo. Estudie sus líneas, por favor.
Sebastián bajó y buscó un lugar dónde sentarse.
Profe: ¡Saúl Salziso!
Saúl dio un salto, le dio su libreto a Luisana y subió al escenario. La maestra Cárdenas lo miró asombrada y el profesor le dijo que podía empezar. Saúl puso cara de preocupación, pero parecía estar verdaderamente aterrado por algo, se llevó una mano a la cabeza y miró a su derecha simulando que alguien estaba con él.
Saúl: Así es que yo he matado a Sibyl Vane, la he matado; es como si yo mismo hubiese cortado con un cuchillo su cuello delicado. Y… a pesar de todo esto, las rosas siguen siendo tan bellas como siempre, y… los pájaros continúan cantando felices en mi jardín. Y esta noche tengo que cenar contigo, y después ir a la ópera, y más tarde tomar algo en cualquier parte. ¡Qué terriblemente dramática resulta la vida!...
El profesor se puso de pie, lloraba y aplaudía mientras Sebastián torcía la boca y la maestra dejaba de anotar.
Profe: Estuvo… maravilloso… Maestra, ¿qué opina?
Cárdenas: Si a usted le gustó… supongo que está bien, aunque casi olvida dos líneas. Fue un atrevimiento subir sin el libreto.
Profe: Aun así, no creo que encontremos a alguien que lo haga mejor, porque la perfección no se puede perfeccionar. ¡Este muchacho es mi nuevo Dorian Gray!
Saúl casi lloraba de alegría mientras Sebastián se levantaba de su asiento y Mario le daba un golpe a la pared.
Saúl: ¿De verdad?
Profe: ¡Por supuesto!
El profesor miró a los otros postulados.
Profe: Ya tengo al protagonista, pero aun podrían conseguir un papel…
La mitad de los alumnos y sus acompañantes se fueron, Saúl y Sebastián se quedaron para ver a Luisana, quien terminó siendo elegida como Sibyl Vane. Cuando el último de los aspirantes se fue, ambos se acercaron al profesor.
Saúl: Profe, muchas gracias…
Sebastián: ¡Es una injusticia! apenas era el tercero, debiste ver a los demás y… y… ¡debiste darme el papel a mí!
Profe: Los vi y ninguno lo superó, además su físico, su gracia… todo se complementa con el personaje… ¡es perfecto!
Saúl se sonrojó.
Sebastián: ¿Osea que no me diste el papel porque mi físico no te parece perfecto?
Profe: Yo diría que no me parece el adecuado, también es lindo pero Saúl tiene lo que necesito.
Sebastián: ¡Eso es incriminación!
Saúl: Discriminación¬¬
Sebastián: ¡Whatever!
Profe: Tranquilícese, Sebastián. Ya será usted el protagonista, a todos nos toca alguna vez.
Sebastián: Claro¬¬
Cárdenas: Ya, ya. Dejen al Maestro en paz que está muy ocupado, nos vemos.
Profe: Adiós, que les vaya bien. Nos vemos en el Teatro Hamlet a esta hora.
Saúl: Hasta mañana.
Sebastián: Bye, bye.
La maestra llevó a los alumnos a la salida, donde Luisana y Omar esperaban. El profesor recogió sus cosas y se acercó a los interruptores, que se encontraban justo al lado de las puertas ya cerradas, para apagar las luces. Puso su mano encima de ellos y entonces alguien lo hizo detenerse.
Mario: Profe, creo que cometió un grave error conmigo…
Profe: Mario, perdón, pero no lo hizo bien. Aun le falta mucho, pero no se preocupe, aquí hay excelentes maestros que lo ayudarán a mejorar y tal vez en 3 años…
Mario: No, yo no puedo esperar tanto… yo quiero sobresaltar ya, ahora.
Profe: Lo entiendo, pero…
Mario se acercó al profesor y apagó los interruptores.
Profe: ¿Qué hace?
Mario: Un trato…
Mario besó al profesor Fernando, quien le llevaba más de 20 años y no sabía qué hacer para detenerlo.
Profe: E-espera…
Mario lo acorraló en la pared y lentamente fue deslizando su mano por el delgado y flácido cuerpo de su maestro. Éste quería detenerlo, su mente sabía que no era correcto que lo dejara continuar pero su cuerpo no deseaba comprenderlo. Mario estaba acariciando su entrepierna.
Mario: Nadie lo sabrá, se lo juro. Sólo déjeme entrar al taller, participar en la obra… por favor, nadie va a saberlo…
El profesor cerró las puertas del teatro con llave y nadie salió de ahí hasta pasados algunos minutos.
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