De Todo un poco...
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Mensaje por Machucarules Miér 7 Dic - 20:18

Cuando Samuel Morales entró en aquel consultorio sentía más dudas que cuando trataba de decidir qué carrera estudiar. A pesar de que le encantaba la danza y el arte en general, sus familiares se habían propuesto evitar a toda costa que se volviera un pobretón teniendo la gran inteligencia que tenía. Además, por supuesto, de las burlas de las que sería víctima por estudiar algo tan poco varonil. Pero en realidad nada le importaba más que lo que sus amigos pensaran, por eso cuando Sebastián y Cinthia le dijeron que entrarían a Artes Escénicas, él no lo dudó más. Aunque ahora, de pronto, su vida se había puesto de cabeza y no deseaba nada más que desaparecer de ese lugar por unos instantes.
El consultorio era tal cual él lo había imaginado: había un estante con libros de psicología, un diván, dos enormes ventanales que dejaban entrar la cálida luz del sol de enero, un escritorio con una cómoda silla detrás y algunos artefactos curiosos sobre él. Había también cuadros de pinturas que ayudaban a decorar el lugar, pero a pesar de eso él lo sentía frío, sin personalidad; no había ni una sola fotografía familiar, algún pequeño detalle que revelara la identidad de la persona que trabajaba ahí a diario, pero él sabía que no podía esperar más. Después de todo, era el consultorio de un psicólogo.
Samuel: ¿Buenas tardes?
Samuel miró a su alrededor un momento y escuchó una voz varonil proveniente de un cuarto que se encontraba oculto en un rincón del consultorio, la cual le anunció que saldría en un momento y que tomara asiento. Samuel se puso cómodo en una de las sillas que estaban junto al escritorio y leyó algunos de los diplomas que se encontraban colgando justo a un lado de la estantería de libros. Todos eran reconocimientos académicos y decían básicamente lo mismo, lo único que cambiaba era el tipo de letras que utilizaban para escribir el nombre del reconocido. Samuel leyó “Andrés Badillo” una y otra vez con diferentes fuentes de letras antes de que éste saliera del baño y se sentara frente a él.
Andrés: Perdón por hacerte esperar, mucho gusto. Me llamo Andrés Badillo, ¿cómo te llamas?
Samuel: Samuel...
Andrés: Muy bien, Samuel. ¿En qué te puedo ayudar?
Samuel: Yo... creo... que...
Samuel pasó saliva y miró al psicólogo con mucha preocupación.
Samuel: Me estoy empezando a sentir atraído hacia... otros hombres... hacia uno en especial... usted... ¡usted tiene que curarme!
Los lentes de Samuel se empañaron y un par de lágrimas cruzaron sus mejillas.
Samuel: ¡Por favor! ¡Por favor! ¡Cúreme!

Track #17: Ni tú, ni nadie
Esa tarde, los miembros del taller de teatro salieron más cansados del ensayo de lo normal. La obra que la nueva directora había elegido era “El cantar de Roldán”, a la que la mayoría se había opuesto a interpretar debido a que no les parecía una buena atracción para un público adolescente, además de la pobreza que la historia en sí tenía. Pero obviamente habían terminado haciendo lo que Alicia quería y punto. Habían practicado durante tres horas seguidas, cosa que nunca habían intentado, además de soportar los gritos y regaños de Alicia. Saúl sentía un horrendo dolor de cabeza y Sebastián temía por arruinar su reputación con ese protagónico.
Saúl: Es una maldita loca, ¿escucharon todo lo que me dijo? ¡Y a Luisana!
Luisana: No me lo recuerdes, por favor.
Sebastián: Nada más te cae mal porque no te chifla como el profe Fer...
Saúl: Ay, tú cállate que sólo la defiendes porque te conviene tener el papel que te dio... aunque sea un asco.
Sebastián: Conmigo interpretándolo no lo será. Individuo celoso¬¬
Saúl: ¡Cállate ya!
Omar: Cállense los dos¬¬
Los tres miraron al recién llegado Omar, quien ese día llevaba puesta ropa de vestir, lo cual inmediatamente hizo enrojecer a Luisana.
Sebastián: ¡Nice! Very Happy ¿y tus fachas?
Omar: Jaja, tuve que venir así a dar clase...
Saúl: ¿Nos vamos?
Omar: Sí... adiós, Seba.
Sebastián: Bye^^
Omar: ... ¿Luisana?
Luisana lo miró un momento antes de que las puertas del teatro se abrieran y Alicia saliera de él, contoneando su figura y atrayendo inmediatamente la atención de Omar. Ella notó las miradas que provocaba y las devolvió, además de pasar junto a él y sonreírle. Cuando se había alejado lo suficiente, Omar salió de su trance.
Omar: ¡Tienen que presentármela!
Saúl: Créeme, no quieres conocerla.
Omar: Obvio que quiero, está buenísima... ¿es del taller?
Sebastián: Es la directora y, además, ¡es una anciana! ¡Shame on you!
Omar: ¿Anciana? ¿Directora? ¿Cómo?
Saúl: Pues sí, ella es la perra que tenemos como directora. Y ha de tener unos treinta...
Omar: ¿Y qué?
Saúl: ¡Que tú apenas cumpliste diecisiete!
Omar: No me importaría eso con ella :3
Saúl: Ya vámonos mejor¬¬
Los tres se fueron sin notar que Luisana se había quedado esperando su despedida.

Samuel se encontraba recostado en el diván y el psicólogo daba vueltas, pensativo, a su alrededor. Entonces se detuvo y miró hacia afuera a través de una de las ventanas.
Andrés: Entonces crees que tu mejor amigo te atrae sentimentalmente...
Samuel se sorprendió un poco.
Samuel: ¡No dije que fuera mi mejor amigo!
Andrés: Pero lo es... de otra forma no hubieras reaccionado así. Además si es el primer hombre que te atrae de esa manera, entonces debe ser uno que sea cercano a ti. No te ibas a enamorar de cualquier individuo...
Samuel: Je, individuo... el usa esa palabra... ¡demonios! ¿Va a ayudarme o no?
Andrés: ¿Qué es exactamente lo que quieres que haga?
Samuel: Pues... que me ayude...
Andrés: ¿Qué es lo que entiendes tú por “ayudar”?
Samuel: Mire... yo sé que usted me va a decir que todo esto es perfectamente normal y todas esas estupideces... y no es que yo tenga algo contra los gays, pero... ¡yo no lo soy!
Andrés: Nadie ha dicho que lo seas... pero tu confesión resulta sumamente interesante.
Samuel: ¿Confesión?... mire, a mí me gustan las mujeres, amo a mi novia... ¡hasta hemos tenido...! pues, ya sabe...
Andrés: ¿Y eso qué?
Samuel: Que pues... me gusta.
Andrés: ¿Y con él no te gustaría?
Samuel: ¿Con él...?
En ese momento, Samuel estuvo a punto de tener un montón de imágenes sobre Sebastián en su mente, pero las evitó al instante.
Samuel: ¡No sé! ¿Cómo me pregunta eso?
Andrés: ¿Por qué no sabes? ¿Nunca lo has imaginado?
Samuel: ¡Claro que no! Ya le dije que no soy gay...
Andrés: Y yo ya te dije que no estoy diciendo que lo seas. Sólo quiero saber qué está pasando... igual que tú.
Samuel: ¿Entonces me va a curar?
Andrés: Creo que tienes que pensar bien en lo que quieres decir con eso.
Samuel: ...Ok, creo que fue mala idea venir. ¡Lo sabía!
Samuel se levantó del diván y caminó hacia la salida del consultorio.
Andrés: Nos vemos la próxima semana.
Samuel abrió y cerró la puerta, fingiendo no haber escuchado. Andrés solamente sonrió.

Saúl y Omar iban saliendo del campus cuando encontraron a Mario, quien parecía estar radiante de felicidad, tanto que se había acercado a ellos corriendo y le había dedicado una sonrisa hasta a Omar cuando lo saludó.
Mario: ¿Qué hacen?
Saúl: Ehm, ya nos vamos...
Mario: ¿No te has olvidado de lo que quedamos verdad?
Saúl: Claro que no. Hoy a las ocho.
Mario: ¡Ok! Bueno, nos vemos... tengo que volver a la facu.
Mario le dio un pequeño abrazo a Saúl para despedirse y volvió a sonreírle a Omar cuando se despidió de él.
Omar: ¿Qué demonios pasa?
Saúl: ¿De qué hablas?
Omar: No te hagas el baboso... ¿qué estás planeando?
Saúl: ¡Nada!
Omar: Saúl, sé que no lo has superado como para volver a salir con él y tratarlo como si nada...
Saúl: ¡No planeo nada! ¿Ok? Y aunque así fuera, creí que te cagaba Mario...
Omar: Pues sí, pero de todas formas no está bien que...
Saúl: ¿Y lo que él me hizo a mí sí está bien?
Omar: ¡Pues no! Pero el hecho de que lo desprecies y que él sepa que te perdió es más que suficiente para castigarlo.
Saúl: Tú no entiendes...
Omar: Sí, entiendo que no te merecías nada de lo que te hizo, pero también entiende tú que si le haces algo y te rebajas a su nivel, entonces sí te vas a merecer todas las consecuencias que eso te traiga.
Saúl: ...Me da igual, de todas maneras, ya nada puede ser peor.
Omar dio un suspiro cuando vio que su amigo siguió caminando y trató de confiar en que nada pasaría.

Cuando Sebastián Sena llegó a su casa, se llevó una gran sorpresa. Su tía estaba esperándolo con un picnic improvisado en su jardín. Ambos corrieron a abrazarse y se sentaron en la manta mientras Jorge iba dentro a lavarse las manos.
Elena: ¡Te extrañe tanto, mi vida hermosa! ¿Cómo estás?
Sebastián: Bien...
Elena lo miró fijamente.
Elena: No te creo, ¿qué pasó?
Sebastián: No es nada, nomás estoy un poquito cansado^^’ hoy ensayamos tres horas seguidas y no puedo más...
Elena: ¡¿Qué?! ¿El maestro Fernando los hizo ensayar tanto?
Sebastián: ¡Ah no! Es que no te he contado... tenemos una nueva directora del taller. Es muy bonita pero se enoja y nos grita mucho. Aparte de que súper-mega exigente, ni te imagines cómo me trae porque me eligió de prota...
Elena: ¡TU PRIMER PROTAGÓNICO!
Elena abrazó a Sebastián del cuello, estrangulándolo un poco y lo soltó al escucharlo toser.
Sebastián: cof cof, sí, jajaja^^’
Elena: Bueno, al menos sabe reconocer el talento, ¡te dije que esto pasaría! ¿Y qué le pasó al Maestro?
Sebastián: Está incapacitado y la mandó a ella en su lugar.
Elena: ¿Y cómo se llama? A lo mejor es de mi generación...
Sebastián: Se llama... mmm... aquí lo tengo anotado...
Sebastián sacó su teléfono y lo revisó.
Sebastián: ¡Alicia del Roble! Sabía que tenía que ver con árboles...
Elena había dejado de sonreír y miraba a Sebastián como si estuviera viendo a un muerto.
Sebastián: ¿Tía? ¿Te pasa algo? o.o
Elena: Sebastián, tienes que salirte del taller.
Sebastián: ¿Qué? ¡¿Por qué?!
Elena: No preguntes, mañana o cuando sea que la veas dile que renuncias...
Sebastián: Tía, no me pidas eso... sabes que no puedo.
Elena: ¡No, Sebastián! ¡Vas a renunciar al taller! ¡No quiero que estés cerca de esa... esa...! Mira, sólo hazme caso y salte del taller.
Sebastián: ¡No, tía! Ese protagónico lo es todo para mí... ¡he estado soportando todo este tiempo que el Individuo se quede todos los mejores papeles nomás porque estaba esperando el mío, y ahora que lo tengo, no lo voy a perder!
Sebastián se levantó y entró corriendo a su casa. Dejando sola a Elena, quien seguía estando preocupada mientras recordaba sus días en la Facultad de Artes Escénicas y a Alicia del Roble.

Mario estaba cerrando su casillero cuando Jaime se acercó a saludar.
Jaime: ¿Qué pedo, wey? Tenía un chingo sin saber de ti
Mario: ...No esperas que te siga hablando como antes después de lo que hiciste.
Jaime: ¿Yo? ¿Qué hice?
Mario: Tú fuiste el que le dijo a Saúl por qué empecé a salir con él, no te hagas pendejo.
Jaime: ¿Y no es la verdad? Porque fue lo único que le dije, la verdad... así que, ¿no es verdad que cogiste con el Maestro Fernando para que te dejara estar en el taller? ¿No es verdad que enamoraste al maricón ese para que te consiguiera buenos papeles? ¿No es verdad que aparte de todo andabas con otra chava mientras lo hacía?
Mario: ¡Sí! ¡Es verdad! ¿Y qué? ¡Tú no eres ningún pinche santo como para venir a juzgarme! Así que más te vale dejar de estar mamando...
Jaime sonrió mientras Mario se alejaba de él.
Jaime: Tienes razón, yo no soy un santo... jajaja

Elena entró a la habitación de Sebastián, quien se estaba acomodando su boina anaranjada y vestía elegantemente.
Elena: ¿Vas a salir?
Sebastián: Sí, al baile de bienvenida... tengo que recoger a Samuel y a los demás.
Elena: Espera, mi amor. ¿Estás enojado conmigo?
Sebastián: Sabes que no puedo enojarme contigo¬¬ pero si pudiera, lo estaría.
Elena: Ok, mira... sé que la reacción que tuve no fue la correcta, pero quiero explicarte.
Sebastián: Nomás no insistas con que deje el taller, ok?
Elena: Ok...
Elena se sentó en la cama de Sebastián y él la acompañó.
Elena: Sebastián... yo te quiero mucho, eres como un hijo para mí. Desde que tus papás nos dejaron, yo decidí cuidarte, al menos mientras crecieras un poquito más... y bueno, es obvio que no quiero que alguien te lastime.
Sebastián: Ya lo sé, tía... pero no entiendo a qué viene todo esto.
Elena: Hay muchas clases de personas en este mundo, pero solo las que queremos son las importantes, porque nosotros también les importamos a ellos. Y saber esto es muy importante... porque hay gente que va a utilizarlo en tu contra si no tienes cuidado. Y es ahí cuando duele más... cuando tú crees que le importas a alguien, cuando esa persona te importa tanto que cuando le pasa algo malo tú también sientes su dolor. Pero hay personas que te hacen creer que les importas, se meten en tu corazón, hacen que les entregues todo lo que hay en él y una vez que obtienen lo que buscaban... se van y no te devuelven nada de lo que sacaron. A veces no lo hacen a propósito, puede ser que hayan cometido un error... pero cuando sabes que fue con intención ¿cómo perdonas eso? ¿Cómo puedes volver a confiar?
Una lágrima resbaló por la mejilla de Elena y Sebastián se la limpió.
Sebastián: ¿Esa señora te hizo algo así?
Elena: ...Sí, es por eso que te digo que tengas cuidado con ella. No te confíes y dile a tus amiguitos que hagan lo mismo.
Sebastián: Ok, tía... no te preocupes. De todas maneras a la pobre nadie la quiere...
Elena: Bueno, ya te tienes que ir. Diviértete^^
Sebastián: Nos vemos al rato... ¡Georgie, las llaves!
Sebastián salió de la habitación teniendo presentes las palabras de su tía... hubiera deseado que se las dijera cinco años antes...

Mario tocó la puerta de la casa de Saúl a las ocho en punto. Éste abrió la puerta de su casa casi al instante y Mario se quedó encantado al verlo. Saúl se dio cuenta de que Mario tenía un ramo de flores en su mano derecha.
Mario: Saúl... sé que no eres mujer ni nada y que esto es algo raro, jaja, pero... quise hacerlo.
Saúl fingió una sonrisa y tomó las flores de las manos de Mario, poniéndolas sobre una mesita que estaba junto a la puerta.
Saúl: Gracias, buen detalle.
Ambos se miraron un momento. Mario se veía espléndidamente feliz y Saúl tenía que hacer un gran esfuerzo para ocultar su incomodidad.
Saúl: ¡Ya me voy!
Saúl cerró la puerta y ambos caminaron hacia una avenida cercana.
Mario: Te ves muy bien. Esa camisa te queda genial
Saúl: Gracias.
Mario: ¿Estás bien? ¿Seguro que quieres hacer esto?
Saúl miró fijamente a Mario y por un momento lo imaginó burlándose de él junto a Jaime.
Saúl: Sí. Ya te dije que quiero que hagamos un reset.
Mario sonrió. Sabía que Saúl sólo quería ser su amigo por el momento, pero él estaba dispuesto a cambiar eso. Lo reconquistaría. Quizá esta vez podría decirle que lo amaba.
Ambos tomaron un taxi y se dirigieron al baile.

Dentro de la limusina; Sebastián, Samuel, Ismael y Cinthia reían y platicaban; aunque Ismael no podía concentrarse en nada que no fuera Sebastián. Seguía pensando en las cosas que el psicólogo había dicho y trataba de encontrar una razón para lo que le estaba pasando. Tal vez era que ahora sabía lo que Sebastián sentía por él... pero no, él sabía que todo había comenzado antes, mucho antes. Desde hace mucho que sabía que le gustaba deasiado estar con él, verlo sonreír, mirar fijamente sus ojos, pero nunca lo había pensado en serio. Después pensó en otros chicos; de alguna manera sabía que Mario y Saúl eran guapos, eran agradables a su vista al menos... ¿pero por qué nunca había prestado atención a esas cosas antes? Tal vez simplemente no había querido hacerlo... entonces Cinthia interrumpió sus pensamientos cuando colocó su cabeza en el hombro de él. Ismael la abrazó, pensando que de seguir siendo amigos, ella sería la única en la que confiaría para contarle lo que le estaba ocurriendo. Pero no podía. Entonces Ismael supo lo que significaba estar solo.

Al llegar al baile Saúl se había escapado un momento de Mario, quien estaba apartándoles unos asientos, y se había dirigido al estacionamiento dónde se encontró con Jaime.
Saúl: ¿Lo trajiste?
Jaime: ¿Y tú?
Saúl sacó un billete d su cartera y Jaime, algo de su bolsillo.
Jaime: Me sorprende mucho de ti.
Saúl: Cállate, sé que no te caigo bien y yo creo que eres despreciable.
Jaime: Jajaja... tú y yo somos iguales, niño... nomás que yo no finjo ser buena persona.
Saúl refunfuñó y dio media vuelta hacia el gimnasio de la Facultad. Una vez dentro, encontró a Mario junto a Sebastián y los demás, también Luisana estaba ahí.
Luisana: ¡Saúl-kun! Hay un concurso de karaoke, ¿le interesa participar?
Saúl: ¡Sí, genial! Esto no puede ser más perfecto.
Saúl miró a Mario y éste se sonrojó, malinterpretándolo todo. Entonces Omar apareció y se acercó a ellos.
Saúl: ¿Qué haces aquí?
Omar: Me invitaron...
Saúl: ¿Quién? O.o
Luisana: ¿Puedo hablar un momento con Omar-san?
Omar: Ok...
Ambos salieron al estacionamiento.
Luisana: Yo... quería disculparme.
Omar: ¿Por qué? o.o
Luisana: Por lo que pasó la otra vez. Omar-san y yo no debimos dejar que lo que pasó entre Onii-san y Saúl-kun nos afectara.
Omar: Ah, eso. Pues tienes razón, tú no tienes la culpa de que tu hermano sea un pendejo.
Luisana: ¡Omar-san! Tampoco puedo dejar que hables así de mi Onii-san...
Omar: ¡Dios! Ése es el problema contigo, ¿sabes que serías perfecta si no fueras tan infantil? Mira, todo eso del animé y que te vistas como te vistes es algo patético para la edad que tienes. Sé sincera contigo misma, ¿crees que alguien se va a fijar en serio en ti si sigues portándote como si tuvieras siete años?
Luisana nunca se había sentido más ofendida y enojada, y mucho menos al mismo tiempo.
Luisana: ¡Pues con esa actitud tú estás muchísimo más lejos que yo de que alguien te tome en serio! ¡Tú no podrías ser perfecto ni reencarnando porque estás podrido por dentro! Y si alguna vez alguien se fija en mí, me va a aceptar tal y como soy, si soy de esta manera es porque quiero ser así y ni tú, ni nadie me va a poder cambiar... ¡Imbécil!
Luisana caminó hasta salir de los terrenos de la Facultad y volvió a su casa. Omar volvió al gimnasio, sintiéndose como un idiota y pensando que debió haber sido más suave.

El turno de Saúl en el karaoke llegó y el presentador del concurso lo invitó a subir a la tarima. Mario se había acercado para mirarlo mejor y se encontraba justo en el centro de una multitud. Saúl se acercó primero al DJ y le dio algunas indicaciones al oído, después le entregó algo y tomó el micrófono para luego colocarse en el centro de la tarima.
Saúl: Am... Hola, sólo quiero decir que esta canción se la quiero dedicar a una persona que me cambió la vida por completo... Mario, esta canción expresa todo lo que pienso de ti...
Mario sonrió de oreja a oreja, un poco apenado, y al verlo Saúl sintió miedo y se arrepintió. Una voz en su interior gritaba que se detuviera, que ése no era él, que no lo hiciera... pero la música de Panda ya estaba sonando y la letra de la canción comenzaba a aparecer en la pantalla azul que se proyectaba a su lado. Y como por arte de magia, los labios de Saúl comenzaron a moverse.
Saúl: Tal vez no sucedió, tal vez esto sea una ilusión, tal vez sea una obra dramatúrgica con actores y tú eres el principal... y éste de abajo...
Saúl tocó sus genitales de manera obscena. Todos los presentes miraron a Mario y de nuevo a Saúl, el gimnasio entero estaba confundido. Pero nadie más de lo que estaba Mario.
Saúl: ...es tu secundario. Inició la función ¿y qué pasará al final de este drama sexual? ¿Valdrá la pena esperar al final? Me agrada sentir dolor, ven a contármelo ¡que quiero escucharlo! ¡Que quiero escucharlo!
Mario aún no parecía caer en la cuenta de lo que estaba sucediendo, pero comenzaba a sentir que no debía estar ahí.
Saúl: Me pones tu cara de querer decir “lo siento”, él te dejó sin aliento... ¡oh! ¡Quiero escucharlo! Tú tienes talento para dar placer... ¡Pero sólo a terceros!
La música paró de pronto y Saúl sonrió mientras miraba la desconcertada figura de Mario entre la multitud.
Saúl: ¿Estuvo bueno el profe Fernando cuando te metiste con él? ¿Por qué no vienes aquí y nos dices a todos cuánto le mide?
Una risotada en coro sonó en todo el edificio y Mario se dio cuenta que una luz lo iluminaba y que todos formaban un círculo a su alrededor.
Saúl: Y tengo pruebas por si no me creen...
Entonces una grabación comenzó a escucharse por los altavoces.
Grabación: Jaime: ¿Y no es la verdad? Porque fue lo único que le dije, la verdad... así que, ¿no es verdad que cogiste con el Maestro Fernando para que te dejara estar en el taller? ¿No es verdad que enamoraste al maricón ese para que te consiguiera buenos papeles? ¿No es verdad que aparte de todo andabas con otra chava mientras lo hacía?
Mario: ¡Sí! ¡Es verdad! ¿Y qué? ¡Tú no eres ningún pinche santo como para venir a juzgarme! Así que más te vale dejar de estar mamando...
Cuando la grabación terminó, todo quedó en silencio. Entonces Saúl volvió a hablar.
Saúl: ¿No hay nada que quieras decir?
Un chico había acercado un micrófono a Mario, quien podía sentir como todos podían juzgarlo y criticarlo con sus miradas, podía sentir todos y cada uno de esos horribles pensamientos. Sin embargo, sólo hubo una cosa que pudo decir.
Mario: ...Te amo, Saúl.
Los ojos y la boca de Saúl se abrieron justo después de escucharlo. El micrófono resbaló de la mano de Mario y éste se dio media vuelta, entonces vio a su viejo amigo Jaime, quien sólo sonrió antes de hacer aquello...
Jaime: ¡Bañito a la puta!
Jaime lanzó su vaso de refresco hacia la cara de Mario y éste ni siquiera pudo esquivarlo. El refresco y los hielos chocaron contra su cara y antes de que pudiera limpiarse, una bandeja de nachos golpeó su espalda, seguido de más refrescos y botanas de todos los presentes. Los alumnos gritaban y se burlaban de él, Mario no hizo nada más que cubrirse la cara y salir de ahí lo más rápido que le fuera posible, pero justo a un paso de salir del gimnasio, resbaló y cayó de espaldas al suelo, provocando otra ola de risas y más burlas. Se levantó al instante y desapareció en el estacionamiento, Saúl también había desaparecido.

Ya casi todos se habían retirado del baile cuando Omar se encontró con ella en el estacionamiento. Ambos sonrieron en lugar de saludarse y ella lo observó de arriba hacia abajo.
Alicia: Tu amigo dio un espectáculo.
Omar: Sí... le dije que no lo hiciera.
Alicia: ¿Por qué no? Fue lo más emocionante que he visto en años...
Omar notó una sonrisa en la cara de Alicia y se incomodó un poco.
Alicia: ¿Nos vamos?
Omar miró de un lado a otro antes de contestar.
Omar: ...Ok.
Ambos subieron al auto de Alicia sin que nadie los viera.

Lo primero que Saúl hizo al llegar a su casa fue tomar las flores que Mario le había obsequiado. Subió a su cuarto y se encerró para después comenzar a destruir las flores con sus propias manos en un intento desesperado por expulsar su ira. Comenzó a llorar, a patalear, entonces gritó y miró su reflejo en el espejo que colgaba de la pared. Sacó una fotografía de él y Mario que se encontraba en un portarretrato de un cajón y golpeó el espejo con ella, haciendo que éste se estrellara y varios trozos cayeran al suelo. Luego él mismo se tiró al piso y comenzó a rasguñar el suelo con sus manos, lastimándose, se estiró el cabello y volvió a gritar.
Saúl: ¡¿Por qué no me siento mejor?! ¡¿Por qué?! ¡¿POR QUÉ?!
Miró la fotografía en el suelo, tomó uno de los pedazos del espejo y comenzó a golpear la cara de Mario en el retrato con éste hasta que logró atravesarla. Su mano sangraba.
Saúl: ¡Te odio! ¡TE ODIO TANTO!
Saúl arrojó el trozo del espejo y se volvió a recostar en el piso, llorando y gimiendo. Su madre tocaba la puerta, pero él no escuchaba nada más que “Te amo, Saúl”, una y otra vez.

El lunes siguiente, Ismael y Andrés se encontraban en el consultorio. El paciente recostado en el diván y el psicólogo en un sofá, junto a él.
Ismael: ¿Entonces me va a ayudar?
Andrés: ¿A qué exactamente?
Ismael: ¡A cambiar!
Andrés: ¿Por qué quieres cambiar?
Ismael: Porque yo no soy... así.
Andrés: ¿No lo eres o no quieres serlo?
Ismael: Ninguna de las dos.
Andrés: ¿Por qué? ¿De verdad no eres así o simplemente tienes miedo de afrontarlo?
Ismael no supo qué decir.
Andrés: Mira, tú eres quien eres, ni yo ni nadie va a poder cambiarte... pero tampoco puedes esperar que la gente te acepte si no empiezas a aceptarte a ti mismo.
Ismael: ...es muy difícil para mí.
Andrés: Para todos lo es, no sólo en tu situación sino en muchas otras...
Andrés puso su mano sobre el hombro del muchacho.
Andrés: Pero para eso estoy aquí, para apoyarte. No creas que estás solo en esto.
Ismael dejó escapar una lágrima mientras pensaba en Cinthia, Sebastián y Samuel. Cerró los ojos y le pidió a su Dios que le diera la fuerza que necesitaba para continuar y salir de ese lío. Eso era lo único que necesitaba... mucha fuerza.
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