Playlist (Season's End)

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Playlist (Season's End)

Mensaje por Machucarules el Dom 15 Ago - 1:45

“La pasión por la música es en sí misma una confesión. Sabemos más de un desconocido que la tiene que de alguien insensible a ella que frecuentamos a diario.”
Emile Michel Cioran

Track #13: “My happy ending”
Aquellos hermosos ojos color miel se fueron abriendo poco a poco, se acostumbraron lentamente a la luz que entraba por la ventana y parpadearon algunas veces antes de que su dueño pudiera recordar lo que le había sucedido.
Sebastián Sena se sentó en su cama de un salto y observó su cuarto como si aquella hubiese sido la primera vez que lo hacía. Frente a él estaba su mejor amiga, aquella a la que sentía había traicionado al enamorarse del ser que ella más amaba en el mundo. Aquella que con su linda sonrisa lo miraba, justo como lo hacía siempre; aquella que lo consideraba un angelito incapaz de hacer cualquier cosa horrenda a alguien, sin saber que se lo estaba haciendo a ella al imaginarse, al desear, al sentir todo aquello por ese hombre. Aquella que lo hacía sentir una basura por querer tantas cosas horribles que lo pudiesen hacer feliz a él e infeliz a ella, aquella que sin saber todo eso se mantenía mirándolo cálidamente y que se encontraba a su lado todavía. Sebastián comenzó a llorar.
Cinthia: Tranquilo, vas a estar bien. El doctor dijo que nomás fue un desmayo por tanta presión y porque no estabas durmiendo bien.
Sebastián la miró fijamente, entonces recordó el sobre que se había mantenido oculto en su libro y que apareció cuando ni siquiera él lo recordaba y se preguntó si ella lo había visto. De ser así, ¿qué había pensado? ¿Por qué le sonreía? ¿Es que era tan fácil vivir sabiendo eso?
Cinthia: Pero ahora tienes que descansar, le voy a hablar al profe para decirle que no vas a poder salir en la obra.
Sebastián no había escuchado nada de lo que Cinthia dijo y su mente seguía tratando de imaginar lo que ocurrió luego de que vio a Ismael leyendo la carta. Aparentemente se había desmayado después de eso, pero no entendía cómo llegó ahí y por qué sólo Cinthia estaba con él.
Entonces Cinthia colgó el teléfono, parecía muy preocupada y su mente se alejó del cuarto un momento, hasta que se dio cuenta que Sebastián la miraba y estaba a punto de preguntarle algo.
Cinthia: No te preocupes por la obra, todo está arreglado^^
Sebastián: Cinthia, ¿lo sabes ya?
Cinthia: ¿Qué cosa? o.o
Alguien tocó la puerta desde afuera, Cinthia exclamó algo y se apresuró a abrirla. Ismael entró al cuarto de Sebastián y lo vio tendido en su cama, con los ojos rojos y con un gesto de sorpresa en su rostro.
Cinthia: Perdón, se me fue la onda. Se acaba de despertar, déjame ir por agua.
Cinthia salió de la habitación y cerró la puerta, Ismael no había apartado su mirada de Sebastián mientras ella le hablaba. Llevaba el sobre rosado en su mano derecha, lo sostenía firmemente y éste estaba arrugado y con muchos dobleces como si lo hubiese apretado con demasiada fuerza. Cuando Sebastián notó el sobre en la mano de su amigo, éste lo alzó un poco por si no lo había visto bien y su mirada se volvió más agresiva.
Ismael: ¿Cómo pudiste…? ¿Enserio pensaste que yo…? ¡¿Qué te hizo creer que…?!
Ismael volvió a aplastarla con gran fuerza y Sebastián sintió tanto miedo como nunca en su vida.

Unas horas antes, cuando Sebastián no sentía miedo sino cansancio y frustración, cuando el sobre aún estaba dentro del libro y cuando Ismael no tenía esa mirada tan horrible; Saúl Salziso había tomado el teléfono de su novio para contestarlo y decirle a la tal “Jennifer” que Mario no podía atenderla en ese momento. Por desgracia no pudo decirle nada porque ella colgó justo cuando él se decidió a contestarle. Saúl soltó un suspiro y salió de su casa para ir a la escuela. Estaba emocionado por la obra, pero esas llamadas ocupaban más su mente. Sentía que algo andaba mal, así que decidió preguntarle a Mario sobre ellas en cuanto lo viera. Cuando llegó al estacionamiento de la Facultad de Artes Escénicas, recordó que ahí había conocido a Sebastián y también que compitieron corriendo desde ahí a la lista del taller de teatro y luego fijó su vista en la alcantarilla por donde cayó hacía ya unas semanas. Fue entonces cuando se dio cuenta que su primer semestre estaba terminando y sintió que jamás olvidaría todo lo que le había sucedido desde que entró, en las personas que había conocido, hasta aquellos momentos malos… pero sobretodo, esos recuerdos que tenía junto a Mario eran los más valiosos que habría podido tener, así que se prometió a sí mismo no olvidarlos jamás, pasara lo que pasara… y así habría de hacerlo. Se detuvo un momento frente a la fachada de su Facultad y experimentó una extraña sensación de nostalgia. Saúl sonrió ligeramente y continuó su camino.

En otra parte de la Facultad, Mario terminaba de contestar su libro de Artes y al cerrarlo se recargó en la banca donde se encontraba sentado, mirando hacia el cielo y preguntándose si de verdad era una persona tan asquerosa.
Luisana: Estoy segura que no es así.
Mario se sobresaltó un poco al ver a su hermana sentada junto a él y luego trató de entender lo que dijo.
Mario: ¿Cómo dices?
Luisana: Que tu última respuesta estaba mal, el nombre original de “La Mona Lisa” es “La Gioconda”, no la “La Guiconda”.
Mario: Ah…
Mario volvió a abrir su libro y antes de corregir su respuesta miró a Luisana nuevamente.
Mario: ¿Cuánto tienes aquí?
Luisana: Como diez minutos o.o
Mario: Mmm… ¿y qué quieres?
Luisana: Pues, tú me estabas contando algo la vez pasada… antes de que saliéramos a escena en la obra de la Odisea, ¿te acuerdas?
Mario: Más o menos, sí… pero no tienes que… no tenía por qué contarte nada de eso.
Luisana: Pues si lo hiciste fue porque de seguro creías que debías hacerlo y ya no lo puedes cambiar.
Mario: ¿Por qué no hablas de mí en tercera persona?
Luisana: Porque al contarme eso me diste una confianza que antes no nos teníamos…
Mario pareció indiferente ante aquella respuesta, pero sabía que ella tenía razón. Siempre se había sentido muy extraño con respecto a Luisana, a pesar de que eran hermanos no solían pelear mucho. Pero eso había cambiado desde poco después de que Mario conociera a Jaime en la preparatoria. La casa se había llenado de peleas y gritos y eso era para lo único que hablaban. Aunque no era que antes se contaran todo, al menos no peleaban de esa forma. Aun con todo esto, Mario seguía tratando de cuidar a su hermana. Era por eso que decidió esperar antes de entrar a la Facultad, porque sabía que su hermana entraría ahí en cuanto terminara la preparatoria y quería estar cerca de ella. Y ahora Saúl había demostrado ser alguien en quién él podía confiar para proteger a su hermana, se había dado cuenta de que no se merecía vivir en una mentira.
Luisana: Y bueno, no habíamos tenido tiempo de platicar sobre esto. Con los ensayos y las prácticas que tienes con Saúl-kun… pero quiero ayudarte aunque a lo mejor ya es tarde.
Mario: No, aún no lo es.
Luisana: Entonces… lo que yo creo es que si esa persona de verdad es tan importante para ti, y tú también lo eres para ella... entonces no habrá nada que pueda separarlos. Porque esos sentimientos lo pueden todo y si eres sincero y le dices todo lo que de verdad sientes, las cosas buenas y las malas también, yo sé que él sabrá comprenderte y podrá perdonarte…
Mario lo pensó un momento y definitivamente eso no se le había ocurrido. Hablar con la verdad, ser sincero, hacer que la mentira desapareciera… porque después de todo lo que sentía hacia Saúl no era ninguna mentira y además, la verdad siempre es mejor que la mentira, aunque duela demasiado.
Mario: Dijiste “yo sé que él…”
Luisana: Sí, él lo entenderá.
Ambos hermanos se miraron y sonrieron con el mismo gesto picaresco.
Mario: Yo también lo amo… mucho.
Luisana: Entonces ve y díselo, que lo amas… a Saúl-kun.
Mario se sorprendió un poco, pero al final dejó de importarle. Asintió con su cabeza, se puso de pie y comenzó a correr para buscarlo.
Fue entonces cuando el destino hizo una de esas tantas malévolas tácticas que tiene y sus hilos comenzaron a moverse para evitar a toda costa aquel encuentro.

Saúl se cansó de esperar al Maestro Fernando y les dijo a sus compañeros que iría a buscarlo al Teatro Hamlet, quizá estaba ayudando a arreglarlo para la obra de ese día. Pero al llegar ahí sólo encontró a las personas del servicio limpiándolo, lo buscó en los camerinos y por último en la bodega. Estando ahí dentro recordó a Mario y lo que habían estado a punto de hacer aquél día lluvioso. Entonces pensó en lo mucho que lo amaba y que a pesar de que sentía miedo, deseaba terminar aquello que habían comenzado. Estar en sus brazos, sentirlo tan cerca, como si ambos fueron uno sólo y verlo dormir así como despertar. Sentir su calor como el suyo propio y respirar su aliento, eso era lo que más deseaba. Salió del teatro y justo en la salida encontró a Luisana.
Luisana: Qué bueno que encontré a Saúl-kun, Onii-san lo está buscando.
Saúl: ¿Dónde está?
Luisana: Hace un momento estábamos en la plaza pero ahora no sé a dónde se haya ido…
Saúl: Voy a buscarlo, tengo algo que decirle x3
El joven siguió corriendo para encontrarlo pero ahora que ambos se estaban buscando, hacían su encuentro mucho más difícil. Yendo hacia donde el otro acababa de estar y alejándose así cada vez más.

Mario se detuvo en la entrada de la facultad, tenía pensado quedarse ahí esperando a que Saúl llegase, pero se dio cuenta de la hora y supo que seguramente ya debía estar ahí. Entonces vio a Jaime acercarse.
Mario: ¿Qué onda, we? ¿No has visto a Saúl?
Jaime: ¿Al mariposón? No, we. No lo he visto y qué bueno porque luego se me ofrece la puta…
Mario empujó a Jaime con ambos brazos, éste no se espero aquello y estuvo a punto de caerse. Miró a su amigo, extrañado y él parecía muy molesto.
Mario: Ya déjate de mamadas, pendejo. A Saúl no le andes diciendo nada de eso y pobre de ti si vuelvo a escucharte. ¿Me entendiste, cabrón?
Jaime sintió asco al escuchar eso.
Jaime: No me digas que te gusta ese pipiluyo…
Mario se acercó a él decidió a golpearlo.
Mario: ¿No me entendiste?
Jaime: Sí, we. Ya, ya, calmado. Nomás estaba preguntando…
Mario: Pues sí, me gusta ¿y a ti qué?
Jaime: Es que no mames. Tú andas con la Jenni, que está mucho más buena que ese… y además tú dijiste que a ti nomás te gustaba tirarte a los vatos, no andar de joto también.
Mario: Pues no es así. Jenni no me importa, yo quiero a Saúl y si te vuelvo a escuchar hablar así de él, te voy a partir la madre.
Mario volvió a entrar a la Facultad y Jaime se quedó ahí, tratando de no vomitar.

Y fue así como ocurrió todo, en un instante, una llamada…
Saúl contestó rápidamente el teléfono de Mario al sentirlo vibrar en su pantalón y antes de poder decir nada, una voz femenina se adelantó.
Jennifer: Hooooooola, bebé. ¿Por qué ya no me has buscado? Tengo tanto que no te veo, casi casi desde que el semestre empezó. ¿Apoco tú no me extrañas?
Saúl: Eh… ¿disculpa?
Jennifer: Ay, mi amor. No te hagas el tonto, ándale di que me amas, que quieres estar conmigo… porque yo la verdad extraño mucho estar en mi camita junto a ti. Ahorita estoy sola, ¿por qué no vienes? Me compré un nuevo…
Saúl: ¡¿Con quién quieres hablar?!
Jennifer: ¿Eh? ¿Qué no es éste el número de Mario?
Saúl sintió escalofríos, aquello no podía ser… todo eso tenía que ser un error.
Saúl: Ma-Mario… ¿Mario qué?
Jennifer: Mario Silva, habla Jennifer… su novia.
Saúl colgó el teléfono. Entonces todo el mundo a su alrededor cambió de forma, la nostalgia por el último día de clases se había desvanecido y en su lugar una profunda tristeza mezclada con ira se apoderaba de su cuerpo. La realidad se había transformado en una pesadilla y era demasiado como para poder creerla, pero era verdad. Todo lo que había acabado de escuchar era verdad y había sucedido tal cual lo vivió.
Una mentira, todo había sido una mentira… ¿podía ser? Necesitaba respuestas, tenía que confirmar todo aquello antes de cometer una estupidez. Corrió, corrió lo más rápido que pudo y sin detenerse hasta encontrar a alguien que pudiera decírselo todo. Llegó desesperado hasta la entrada de la Facultad y ahí encontró a la única persona que no debería haber encontrado.
Saúl: Jaime…
Jaime: ¿Qué pasó? ¿Se te perdió Mario?
Saúl: Te tengo que preguntar algo.
Jaime: Yo no soy joto… así que no me vengas con escenitas de celos.
Saúl: ¡No es eso, idiota!
Jaime: Uuuuuy, andamos de malas…
Saúl: ¿Mario tiene novia?
Jaime: ¿Aparte de ti?
Saúl: ¿Lo dices bromeando o lo sabes?
Jaime: ¿Si son novios? Obviamente lo sé. Lo supe desde el principio… y hasta antes.
Saúl estaba comenzando a desesperarse.
Saúl: Entonces tienes que decirme, ¿tú sabes quién es Jennifer?
Jaime se sobresaltó y luego lanzó una sonrisa que dejó salir una carcajada.
Jaime: Sí, la conozco. Está bien buena la vieja esa.
Saúl: ¿Y qué significa ella para Mario?
Jaime: Jajaja… pues al parecer le da dolor de cabeza, de la dos… tú entiendes.
Pero Saúl no había entendido nada y su paciencia cada vez era menos.
Saúl: ¡¿Ellos son novios?!
Jaime volvió a tirar una carcajada y luego posó su vista en Saúl, dándose cuenta que estaba furioso.
Jaime: Pues que yo sepa no han cortado así que… sí, lo son.
Saúl pensó que había sido mala idea querer saberlo todo, no estaba soportando esas palabras.
Jaime: Pero, ¿quieres saber la mejor parte?
Saúl lo miró atentamente, nunca le había desagradado tanto la presencia de una persona.
Jaime: Es que neta que con esto te vas a dar en la madre xD pero bueno, como te digo, we. Lo mejor es que él anda contigo porque eres la putita del profe joto ese.
Saúl dio un paso atrás, a pesar de que Jaime lo había dicho de esa manera, él captó lo que quiso decirle.
Jaime: Y pues como no lo dejó entrar en el taller… ah por cierto, ¿te dijo que se lo tuvo que coger para que lo dejara entrar? Luego le dijo que no le iba a dar buenos papeles por andar de puta, y entonces a él se le ocurrió que como el profe te mama, pues te haría caso si le decías que lo dejara actuar como prota…
Saúl estaba al borde de las lágrimas, su cuerpo sentía una presión enorme y su alma quería explotar en mil pedazos. Parecía que no podía soportarlo, tanto dolor, todo el daño que acaba de recibir. Aquella sensación era indescriptible, era peor que morir lenta y dolorosamente. Entonces supo que jamás lo olvidaría… y eso sólo lo hacía sentir mucho más miserable. Pero las cosas no se iban a quedar así, él no iba a ser el único que sufriera, Mario también lo tenía que sentir porque después de todo, él era el único culpable.
Saúl Salziso se dio media vuelta y siguió corriendo para encontrar a quien buscaba, aunque ya no era la misma persona… ninguno de los dos.
En cuanto se fue, Jaime comenzó a reírse y Omar se acercó desde atrás de un auto y lo tomó del cuello de su camisa.
Omar: ¡¿Lo que le dijiste es verdad, cabrón?!
Jaime: Sí, es verdad… y lo sabes.
Omar lo soltó y se fue corriendo detrás de su mejor amigo.

Mario salió de la biblioteca y miró a su alrededor, entonces por fin lo encontró. Sintió una enorme emoción y sus ojos se iluminaron al poder verlo de nuevo. Era él, su novio, la persona que más amaba y la más importante para él: Saúl.
No pudo soportar más las ganas de abrazarlo y de decirle que él también lo amaba y que necesitaba estar con él pasara lo que pasara y además, confesarle todo lo que había ocurrido antes de eso. Así que corrió para estrecharlo en sus brazos y besarlo otra vez como si fuese la última oportunidad que tuviese de hacerlo. Pero al estar a punto de llegar a él, recibió un fuerte golpe en su mandíbula que lo hizo retroceder y sentir el ferroso sabor de la sangre en su lengua. Buscó rápidamente la fuente de aquel ataque pero al único que vio ahí era a Saúl, con sus ojos empapados, apretando los labios y con su brazo en el aire.
Mario: ¿Qué te pasa?
Saúl: ¡No te me vuelvas a acercar nunca! ¡No me toques otra vez! ¡ME DAS TANTO ASCO!
Mario miró afligido a Saúl, quien ahora parecía tan diferente. Era como si alguien más estuviese usando su cuerpo para darle una lección.
Saúl sacó el teléfono celular de su bolsa y se lo lanzó a Mario en la frente, acertando a pesar de ser pésimo en los deportes.
Saúl: Y si a ella no le das asco… pues cógetela todo lo que quieras… ¡Pero a mí déjame en paz!
Saúl lloró aún con más fuerza y sin hacer caso a Omar, quien llegaba detrás de él gracias a los gritos y se acercaba a Mario para desquitar el sufrimiento que su amigo sentía. Mario correspondió sus golpes ya que sentía una enorme ira hacia el mundo entero y hacia la vida por lo que acababan de hacerle, porque no le habían dado la oportunidad de hacer lo correcto. Ninguno de los dos parecía querer terminar nunca aquella pelea, pero Luisana los hizo separarse.
Luisana: ¿Qué les pasa? ¡Ya!
Mario: ¡Este imbécil llegó de pronto y me pegó!
Omar: Pero no fue de la nada, idiota. ¡Sabes que te lo mereces!
Luisana: No, Omar. Tú no entiendes…
Omar: ¡¿Y tú qué chingados te metes?! No eres más que una niña chiflada… no sé cómo pudiste gustarme, has de ser igual que ese cabrón…
Mario quiso continuar con la pelea, pero Luisana lo detuvo y miró furiosa a Omar.
Luisana: Sea igual o no, es mi hermano… y siempre voy a estar de su lado. Omar-san no es más que un desconocido para mí…
Los ojos de ambos se encontraron mostrándose fríos y distantes, ocultando la enorme tristeza que sentían. Entonces escucharon los gritos de Cinthia y corrieron hacia el salón, sólo Mario se quedó ahí. Se puso en cuclillas y comenzó a llorar como nunca lo había hecho.

Las horas pasaron y ahora Sebastián estaba despierto en la cama de su habitación, mirando a su mejor amigo quien parecía estar a punto de un ataque de ira. Ismael se acercó a Sebastián y le extendió el sobre arrugado con su nombre.
Ismael: Léela.
Sebastián: Pero…
Ismael: Cállate y léela en voz alta.
Sebastián sacó la carta del sobre temblorosamente y la desdobló, entendiendo con dificultad sus letras por culpa de las lágrimas que cubrían sus ojos.
Sebastián: “Ismael, sé que esto seguramente te va a sorprender muchísimo, pero la verdad es que ya no puedo seguírtelo ocultando…”
La voz de Sebastián se quebró e Ismael le pidió más amablemente que continuara.
Sebastián: “Tú y yo hemos sido amigos desde hace mucho, pero a pesar de eso yo no he sido muy honesto contigo porque hay ciertas cosas de mí que tú no sabes… una por ejemplo, es que soy gay…”
Sebastián estaba llorando de nuevo y sus lágrimas comenzaron a caer sobre las palabras que había escrito hace ya casi seis meses en aquella hoja.
Sebastián: “pero eso no es lo peor de todo, porque yo te conozco y sé que habrías podido vivir sabiendo eso, pero de todas formas a mí me daba mucho miedo decírtelo porque tenía miedo de que ya no fuera lo mismo… y más porque tal vez tú te darías cuenta de lo que estoy a punto de decirte…”
Sebastián tragó saliva y se limpió sus húmedos ojos.
Sebastián: “que te amo, que me gustas desde hace mucho y que todos esos momentos que hemos vivido juntos han hecho que poco a poco te ame más y más, y que si no me quieres volver a dirigir la palabra nunca más, yo lo entiendo y lo respeto, pero tienes que saber que te amo muchísimo porque mi amor es algo que te pertenece y es… tuyo.”
Sebastián soltó la carta y siguió llorando cubriéndose los ojos, Ismael se acercó a él y lo abrazó tiernamente.
Ismael: Cuando leí eso me dolió tanto que pensaras así…
Sebastián levantó la vista.
Sebastián: No, yo nunca pensé que tú eras…
Ismael: ¿Por qué pensaste que no iba a ser lo mismo? ¿Por qué creíste que iba a alejarme de ti? Tú mismo lo dijiste, somos amigos de toda la vida… yo sería incapaz de alejarme de ti por algo como eso, eres mi mejor amigo… mi hermano.
Sebastián sintió un gran alivio al escucharlo y su miedo se desvaneció, aunque las lágrimas seguían saliendo de él y caían sobre la ropa de su mejor amigo.
Sebastián: ¿Entonces por eso estabas enojado?
Ismael: Sí, y además porque me lo ocultaste. Has cargado con todo eso tú solo durante meses y yo soy tu mejor amigo, debí haber sabido qué era lo que te pasaba y nunca… nunca lo noté. Perdóname, Seba.
Sebastián: No, no. Yo tengo que pedirte perdón porque todo esto pasó por mi culpa…
Ismael: “El corazón tiene razones que la razón no entiende”, tú no decidiste que esto ocurriera… no es tu culpa. En todo caso es culpa mía por ser tan guapo y encantador.
Ambos comenzaron a reírse e Ismael soltó a Sebastián, él lo miró fijamente pero había algo diferente. Ya no sentía aquella sensación de querer besarlo ni había sentido la necesidad de seguirlo abrazando por siempre. Estaba mirando a su mejor amigo otra vez y aquello lo hacía tan feliz como no lo había estado desde hace mucho.
Alguien tocó la puerta otra vez, Sebastián vio entrar a Omar y a Luisana a su cuarto. Ismael se levantó.
Sebastián: Te prometo que lo voy a solucionar…
Ismael: …y yo voy a ayudarte.
Ambos se sonrieron y él salió del cuarto.
Sebastián: ¿Qué vino a mi casa todo el salón o qué onda?
Luisana y Omar apenas y sonrieron, entonces Sebastián notó que él traía la cara hinchada.
Sebastián: ¿Qué te pasó? ¿Te peleaste?
Omar: No importa… estamos aquí porque tenemos que hablar contigo.
Sebastián: ¿De qué?
Luisana: Está a punto de irse…
El corazón de Sebastián comenzó a palpitar más fuerte y entonces recordó a esa otra persona.
Luisana: Samuel-kun te atrapó cuando te estabas desmayando, te subió a la limusina y vino hasta acá…
Sebastián: ¿él está aquí?
Luisana: No, se fue en cuanto el doctor dijo que estarías bien…
Sebastián: ¿Se… fue? ¿Ya se fue?
Omar: Al menos de tu casa, sí.
Luisana: Sebastián-kun tiene que entender muchas cosas que no había podido entender por ese sentimiento que tenía hacia Ismael-kun.
Sebastián miró sus audífonos anaranjados que se encontraban junto a su iphone sobre una mesita a un lado de su cama.
Omar: Samuel te ama, Sebastián. Se le nota en todo lo que hace, en cómo te mira, en la forma que habla de ti…
Luisana: Sebastián-kun es muy importante para él…
Sebastián: ¿Entonces por qué se portaba tan idiota siempre? Se la pasaba presumiéndome sus músculos y todo eso…
Omar: ¡Porque pensaba que así te sorprendería!
Luisana: Samuel-kun creía que esa era la única forma en que Sebastián-kun se fijaría en él.
Sebastián bajó la cabeza y volvió a mirar aquellos audífonos que le decían algo a gritos en su mente.
Luisana: Sí, Samuel-kun fue quien le regaló esos audífonos a Sebastián-kun, no yo.
Sebastián la miró asombrado.
Sebastián: ¿Y por qué nunca me lo dijiste?
Luisana: Porque Sebastián-kun no me dejó.
Omar: Tú mismo has evitado darte cuenta de lo que él siente por ti… acuérdate de todas las veces en que él ha intentado hablar seriamente contigo. Cuando estábamos en el mall, por ejemplo, te fuiste a ver la ropa cuando te quedaste a solas con él.
Luisana: ¿Por qué Sebastián-kun trata de evadir siempre esa confesión?
Sebastián recordó el día en que Samuel se acercó a él con esos audífonos anaranjados en su mano y éste se los lanzó en la cara cuando él mencionó que quería decirle algo importante.
Sebastián: Porque se supone que a mí me gusta…
Omar: Y si él te decía lo que en realidad sentía por ti, tú tenías miedo de enfrentarte a tus verdaderos sentimientos y afectar eso que te habías venido creyendo todo este tiempo.
Sebastián tomó los audífonos y los sostuvo con sus manos suavemente, recordando a Samuel.
Luisana: Jorge-san nos dijo que cuando los papás de Sebastián-kun murieron, él se quedó muy solo, pero sus amigos, sobretodo Ismael-kun estaban muy cerca de él.
Omar: Él te dio todo ese apoyo que necesitabas en ese momento, tú ya lo sentías como parte de tu familia y ese cariño se volvió más fuerte.
Sebastián: Pero yo era un niño aún…
Omar: Por eso, para ti que te quedaste sin padres, tu tía se convirtió en tu nueva figura materna pero necesitabas esa protección de un hombre y el único más cercano era Ismael… creo que en realidad sólo has estado confundido todo este tiempo, Seba.
Sebastián se puso a pensar y recordó a otro hombre que le había brindado esa protección y del cual también creyó haberse enamorado.
Luisana: Samuel-kun se fue para ya no estorbarle a Sebastián-kun, porque quería que fuera feliz al menos intentando libremente que Ismael-kun le correspondiera.
Samuel: Pero tú ya no piensas seguir luchando por su amor, ¿verdad? Porque ya no te importa de esa manera…
Sebastián seguía mirando los audífonos y pensando en todo aquello, recordó la despedida de Samuel, sus abrazos, su aroma, su cuerpo, su voz, sus labios, la forma en que presumía, cuando tartamudeaba y él no entendía por qué, la manera en que lo miraba, su increíble sonrisa y su actitud siempre amable y despreocupada. Entonces comenzó a sentir miedo nuevamente y también coraje, le molestaba estar dándose cuenta de todo justo en esos momentos. Pero el miedo era causado por darse cuenta que no lo volvería a ver nunca más… ¿Por qué tenía tanto miedo de eso si era una de las personas más desagradables que había conocido?
Y ahora estaban ahí todos esos sentimientos tan confusos, ese horrible temor y ese deseo de poder verlo una vez más y conocerlo tal cual era.
Sebastián: No quiero… ¡No quiero que se vaya!
Omar: Jorge te está esperando con el Bugatti allá afuera.
Luisana: Samuel-kun se va en 20 minutos, está en la central de autobuses.
Sebastián se bajó de la cama, tomó su iphone y le conectó los audífonos anaranjados. Entonces se dio cuenta de que llevaba un short y una camisa blanca de tirantes, pero no le importó y siguió corriendo hacia el jardín a pesar de los gritos de Ismael y Cinthia.
Cinthia: ¿A dónde va? Tiene que descansar…
Omar: Va a estar bien, pero deberían avisarle al profe que ni él ni Saúl van a estar en la presentación de hoy…
Cinthia: No hace falta, la obra se canceló.
Luisana: ¿Por qué? O.O
Cinthia: Llamé hace rato y me dijeron que el profe está muy grave en el hospital, chocó cuando iba a la escuela…
Ismael: ¡Por eso no fue hoy!
Luisana: Dios, ojalá que se recupere… deberíamos ir a ver si nos dejan entrar al hospital.
Los demás asintieron mientras las miradas de Luisana y de Omar se encontraban, pero ambos las apartaron al instante. Sebastián llegó hasta el jardín y entró al auto mientras oprimía “Play” en su reproductor y escuchaba aquellas canciones que siempre lo acompañaban…

Ni siquiera espero a que Jorge se detuviera para bajar del coche, abrió la puerta y dio un salto que casi lo hizo caer de bruces en el suelo. Entró a la central adueñándose de las miradas de todos, corrió hacia donde se encontraban los autobuses y ahí lo vio, estaba dentro de uno color azul ayudando a una mujer a guardar su maleta. Se dirigió hacia allí lo más rápido que pudo pero el autobús ya estaba comenzando a arrancar, Sebastián se quitó los audífonos de los oídos y tomó con fuerza los mangos de la puerta mientras un guardia se acercaba a él para detenerlo, pero Jorge lo agarró y no se lo permitió. Más guardias comenzaron a acercarse cuando Samuel se dio cuenta de que era Sebastián quien se encontraba colgado de la puerta y le pidió al chofer que se detuviera. Las puerta del autobús se abrieron y Samuel bajó asombrado del autobús, deteniéndose en el último escalón de la puerta.
Sebastián: No sé por qué… pero no quiero que te vayas, quiero estar contigo, que estemos juntos y… ¡No quiero que te alejes de mí!
Todos el mundo se había detenido para ver aquella escena, ni los guardias, ni el chofer, ni la gente del autobús, ni Jorge se habían seguido moviendo.
Samuel: Pero yo pensé que te gustaba…
Sebastián: Yo también, pero sólo era eso… un pensamiento, no era la realidad.
Ambos se miraron por un momento sin decir nada, ninguno podía creer lo que estaba sucediendo.
Sebastián: ¿Por qué te odiaba? Ni siquiera lo recuerdo… sólo sé que no me gustaba que Ismael hablara todo el tiempo de ti cuando éramos niños, pero después ya no me importó, simplemente me fastidiaba que estuvieras cerca de mí… pero en realidad no me fastidiaba eso.
Samuel: ¿Entonces qué?
Sebastián: Que en el fondo sabía que no me fastidiabas del todo… siempre fue eso. Y ahora tú… quieres irte para que yo sea feliz, pero no lo seré si no es contigo, porque tú eres… mi final feliz.
Samuel sonrió y Sebastián se alegró de ver su sonrisa otra vez. Ambos se tocaron sus rostros y comenzaron a examinarlos como si no pudiesen verse, sus caras se acercaron lentamente y sus labios se tocaron mágicamente como si no existiera nadie más, ni el tiempo ni el espacio. Samuel sentía una felicidad indescriptible, siempre había soñado con besar a Sebastián pero aquello fue como nunca lo soñó, era mucho mejor y era la realidad. Sebastián siguió mirándolo fijamente y entonces algunas chicas que estaban en el autobús comenzaron a aplaudir. Ambos se sonrojaron y sonrieron nuevamente.
Chofer: Ehmm… tenemos que irnos.
Samuel: Bueno, nos vemos…
Sebastián: ¡¿Qué?! ¿Comoquiera te vas a ir?
Samuel: Es que ya se lo prometí a mi mamá, pero nomás es un mes…
Sebastián: ¡¿Un mes?! Pero dijiste que te ibas a ir para siempre.
Samuel: A que no o.o
Sebastián: Bueno, pero con lo que dijiste lo diste a entender, todos pensábamos eso.
Samuel: Pero si le dije a Luisana que nomás era por Navidad y Año nuevo y que me regresaba…
Sebastián: ¡Ash! Me engañaron >.< Pero ¿en serio pensaste que con un mes fuera todo se iba a solucionar?
Samuel: Bueno, tal vez…
Sebastián: ¡Eres un idiota! ¬¬
Samuel: Jajaja, te ves muy lindo cuando te enojas. ¿Sabes?
Sebastián volvió a sonrojarse y dirigió su vista hacia otro lado mientras se le pasaba.
Sebastián: ¿Pero sí vas a volver verdad?
Samuel: Por supuesto que sí… y entonces no te vas a librar de mí nunca.
Sebastián: ¿Lo juras?
Samuel: …Lo juro.
Volvieron a besarse por última vez en aquel día y entonces el autobús volvió a encenderse. Ambos continuaban tomados de la mano cuando el autobús comenzó a arrancar, Sebastián trataba de mantenerle el ritmo.
Samuel: Tienes que descansar mucho para que ya no te desmayes.
Sebastián: ¡No soy tu novio para que me des órdenes!
Samuel: Bueno o.o
Sebastián: ¡Y tú tienes que conectarte y llamarme a diario!
Samuel: Sí, amor. Lo que tú digas^^
Chofer: Voy a cerrar las puertas ¬¬
El autobús avanzó mucho más rápido y sus manos se soltaron, Sebastián se detuvo jadeando.
Sebastián: ¡Tienes que volver!
Samuel: ¡Lo haré!
Las puertas se cerraron y el autobús se fue mientras Sebastián daba media vuelta y caminaba hacia la central de nuevo, pensando en que por fin todos los días tristes se habían terminado y que aquello era el fin que tanto había esperado. Pero no sabía que aún faltaba mucho para que todo eso se terminara porque aún, la lista de canciones en su reproductor continuaba reproduciéndose… sin detenerse.

■ Playlist stopped

“En la música todos los sentimientos vuelven a su estado puro y el mundo no es sino música hecha realidad.”
Arthur Schopenhauer
Track #1 https://www.youtube.com/watch?v=r0U0AlLVqpk
Track #2 https://www.youtube.com/watch?v=8ZSImx5u88Q
Track #3 https://www.youtube.com/watch?v=kfR42GOAemI
Track #4 https://www.youtube.com/watch?v=TPnBMeu--u4
Track #5 https://www.youtube.com/watch?v=13EsiCjsssY
Track #6 https://www.youtube.com/watch?v=cISUzaa5v8o
Track #7 https://www.youtube.com/watch?v=bCDIt50hRDs
Track #8 https://www.youtube.com/watch?v=qP-y4UKWYUw
Track #9 https://www.youtube.com/watch?v=XPpTgCho5ZA
Track #10 https://www.youtube.com/watch?v=AwUZq4xqsoo
Track #11 https://www.youtube.com/watch?v=Vb5yaeZySok
Track #12 https://www.youtube.com/watch?v=GQ95z6ywcBY
Track #13 https://www.youtube.com/watch?v=nwf2qt6BJAQ

Gracias por seguirla hasta aquí, esta historia también les pertenece a ustedes, son lo único que la han hecho aparecer y seguir reproduciéndose, son sus comentarios, sus dudas, sus críticas, sus hipótesis los que me hacen querer continuar. No olvides comentar o no te lo perdono^^

Y otra vez: MUCHAS GRACIAS!

César D. Machuca


Última edición por Machucarules el Dom 12 Sep - 17:11, editado 1 vez
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Re: Playlist (Season's End)

Mensaje por pako_tigres el Dom 15 Ago - 15:52

jajajajajaja por fin supe de los personajes, quien eras tu jaja
ahora nueva hipotesis de la historia
pasara algo muy extraño con samuel que hara otra vez que gire la historia, tal vez su muerte o algo que cambiara la forma de ver la vida o.o jajaj
me gusto me pongo de pie y aplaudo (h5)

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